Laura Castañón: La noche que no paró de llover

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             Hoy os traemos una entrada diferente a las que os hemos ido presentando hasta el momento. Nuestra labor de visibilización en el blog se ha centrado fundamentalmente en mujeres que han sido silenciadas a lo largo de la historia —anteriormente hemos presentado el caso de María Lejárraga—, y que han recibido un tratamiento injusto por parte de la crítica viendo denostada su labor literaria —por ejemplo, también hemos reivindicado la importancia de Gloria Fuertes, que durante mucho tiempo, y aún en la actualidad por parte de ciertos sectores, ha sido calificada como una «poeta menor»—, o que, a pesar de ser reconocidas, han recibido un tratamiento desigual. Sin embargo, apenas nos hemos ocupado de la mujer en el panorama literario actual. El hecho de que el número de mujeres escritoras —novelistas, poetas, ensayistas, dramaturgas— haya aumentado considerablemente en los estantes de las librerías y de que su actividad creativa haya comenzado a recibir más atención por parte de la crítica no resulta suficiente para afirmar que se haya alcanzado la igualdad en el panorama literario actual. De esta forma, consideramos que desde nuestro blog también debemos ocuparnos de la literatura que las mujeres están escribiendo ahora, en este mismo momento y que, a pesar de lo que pueda parecer, todavía no recibe la atención que se merece. De esta forma, hemos decidido comenzar presentando la última novela de Laura Castañón (Asturias, 1961), La noche que no paró de llover (2017), una obra de extraordinaria calidad literaria precedida de Dejar las cosas en sus días (2013), opera prima de la autora.

            La noche que no paró de llover es la segunda novela de Laura Castañón, que había publicado anteriormente Dejar las cosas en sus días, una obra protagonizada por Aida, una periodista que intenta reconstruir su pasado familiar y encontrar los restos de su abuelo, desaparecido en la Guerra Civil; en este caso, la importancia de la memoria, tanto colectiva como personal, cobra un papel fundamental, y también lo hará en su segunda novela, en la que a través de diversos personajes se analizan las diversas formas en las que el mal puede manifestarse: el mal que realizamos de forma consciente, el que nunca imaginamos haber causado, y el que pensamos haber cometido. De esta forma, La noche que no paró de llover, partiendo del concepto decimonónico de novela y con un estilo que recuerda a los grandes narradores del siglo XIX, pero que aporta a su vez la frescura y la novedad de la prosa contemporánea, nos adentra en una fascinante reflexión a través de unos personajes que, como ya sucedía en Dejar las cosas en sus días, permanecen en la memoria del lector.

            Al igual que en su primera obra—novela coral que podría asentarse dentro de la tradición de las sagas familiares—, en La noche que no paró de llover no resulta claro establecer quién es la protagonista de la narración. Sin embargo, en este caso, podría afirmarse que Valeria Santaclara, la anciana que acude a la consulta de la psicóloga Laia Vallverdú para abrir un sobre en el que su hermana, muerta años antes, dejó escrito «El perdón» es el principal catalizador de la acción narrativa. Junto a Valeria Santaclara y su psicóloga se encuentran otros dos personajes que resultan fundamentales: Emma, la pareja de Laia, y a la que el lector conoce directamente a través de los fragmentos de su diario que se van incorporando en la narración, y Feli, la mujer que limpia en la residencia en la que vive Valeria y que suministra una visión externa y superficial de la anciana que el lector deberá ir deshaciendo poco a poco. La extraordinaria construcción de cada uno de los personajes de la obra, que presentan una gran profundidad psicológica y numerosos matices en su forma de entender el mundo y sus relaciones personales, constituye uno de los valores fundamentales de la novela. Valeria Santaclara, una mujer anciana convencional, perteneciente a la burguesía gijonesa, es el personaje más complejo y de mayor profundidad de la novela y al que el lector conoce lentamente, avanzando desde la perspectiva más superficial que adquiere en las primeras páginas hasta el conocimiento más profundo y humano que alcanza al final de la obra.

            La noche que no paró de llover es una excelente narración de la que no sólo debe destacarse la reflexión acerca del ser humano, del perdón, del deseo de venganza, de la envidia o la construcción de los personajes que indudablemente permanecen para siempre en la memoria, sino también su trabajo con el lenguaje, a través del que logra caracterizar y dar voz a los protagonistas de su novela, y su capacidad para crear ambientes y escenarios y trasladar al lector la intensidad de las emociones que experimentan sus personajes. Por tanto, desde Algo más que sombras queremos destacar la calidad de esta novela y la importancia de Laura Castañón en el panorama literario actual y volver a reflexionar, una vez más, acerca de la necesidad de visibilizar la gran labor —todavía no suficientemente reconocida en la actualidad— de la mujer en la literatura.

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