Elisa Sestayo: El cuaderno de la búsqueda

          morilla@marcosmorilla.com telf.: 985892735                        Elisa Sestayo (Bilbao, 1996) presenta en su primera publicación, El cuaderno de la búsqueda, a un sujeto lírico que emprende un viaje hacia su propia identidad, colocando al individuo en el centro y ante sí mismo, desnudándolo ante un espejo que le permite emprender en soledad la búsqueda de su propio yo. El poema con el que se abre el libro ya marca el tono intimista que lo domina, pues la poesía de Elisa Sestayo cuestiona siempre al individuo desde su interior a través de un yo poético que se enfrenta desnudo a su propia identidad, que afirma despojarse de «mis nombres arrancados» para proporcionar una respuesta personal, única, honesta y libre a ese yo que afirma ante su propia desnudez desconocer quién es. De esta forma, el individuo se verá obligado a huir de los posibles espejismos, de las múltiples identidades que lo conforman, pero que también lo distancian de esa desnudez libre y sincera que persigue el sujeto lírico: la única en la que reside la verdad, alejada de sombras, la que alberga ese cuerpo condenado a una «búsqueda continua» del hogar, de sí mismo.

            Este proceso obliga al yo poético a enfrentarse a sí mismo, y el lector asiste a los juicios que se desprenden de esta desnudez del individuo que resulta tan sincera y aterradora al mismo tiempo, que lo vuelve vulnerable, pero también profundamente humano. Así se presenta ante el lector tras desvelar su terror a que ni siquiera el dolor como recuerdo único de la vida sea suficiente para continuar viviendo, a «sentir el pulso herido/ y que no hiera», a enfrentarse a una existencia en la que ni siquiera el sufrimiento baste para afirmar que existe algo que separa al individuo de la muerte; El grito desgarrado de quien reclama el consuelo último del dolor para sentir la vida. La humanidad del yo poético coloca también al lector ante sí mismo al confesarle sus propios miedos, aquellos que resultan tan íntimos que se resisten a ser desvelados y que únicamente se revelan en un ejercicio de extraordinaria sinceridad y búsqueda interior. Una búsqueda también del perdón que el individuo se debe a sí mismo, refugiado en la soledad, el miedo y los recuerdos, que le permitirá construir su identidad desde esa desnudez sincera. Su afirmación «me pido perdón» redime al sujeto lírico, pero también al lector.

            El yo poético se enfrenta en la búsqueda de sí mismo al miedo, a la culpabilidad y a la pérdida. Una pérdida que lo arroja a la soledad más desesperanzada, pues en El cuaderno de la búsqueda no sólo se emprende un viaje hacia la identidad, sino que también tienen lugar el inicio de la madurez, el abandono del juego y la pérdida inevitable de la infancia. En el único poema en el que se abandona la primera persona, el sujeto lírico no es capaz de identificarse con las muñecas, símbolo inequívoco de la niñez, pero tampoco lo hace «con ese anciano cuerpo/ que quieto observa». El yo poético, entregado a la búsqueda de sí mismo, parece encontrarse suspendido en un espacio desconocido en el que únicamente se atreve a afirmar aquello que no es. Sin embargo, la muerte de la infancia deja paso a un cuerpo adulto, deseoso de amar, pero que de nuevo se ve irrevocablemente arrojado a la soledad. Un cuerpo tan solitario, pero también tan deseoso de amar y ser amado que en él todavía permanecen las llamas, últimos restos de un mundo consumido ya en cenizas. El sujeto lírico se enfrenta a la búsqueda incansable de sí mismo que ya sólo encuentra refugio en los recuerdos, en aquellos «lugares prohibidos» a los que desea regresar; Pero la identidad tampoco se encuentra en el pasado «nunca se vuelve sana/ y tú lo sabes/ tras contemplar aquello/ irrecuperable», y el yo poético, en sincera desnudez, afirma: «me sé sólo esto/ una cicatriz desconocida». Termina así una búsqueda a través del dolor y del sufrimiento, pero que finaliza con la esperanza y la fortaleza que supone reconocer una cicatriz en una herida ayer sangrante.

            Elisa Sestayo ha presentado en su primera publicación la búsqueda intensa, a veces dolorosa, pero también reconfortante de uno mismo. Una búsqueda sincera, que coloca al lector desnudo delante de un espejo y lo enfrenta a sus miedos más profundos: el temor de la soledad, la certeza de necesitar la vida. La «nueva desnudez» ante la que se descubre el yo poético es una desnudez esperanzada, herida, pero también madura, la posibilidad de enfrentarse a la vida a pesar del pasado, del dolor, de la pérdida. El cuaderno de la búsqueda abre así la trayectoria de una poeta que ha logrado realizar en su primera publicación una brillante presentación de la compleja búsqueda de la identidad humana, a veces destructiva, dolorosa, casi una erosión del propio ser en permanente «Pesado avance/ en búsqueda continua/ dónde el hogar».

 La imagen, Erosión (Aurelio Suárez), ha sido tomada de http://www.aureliosuarez.es/museo-bellas-artes.html#mba_museo_sala

¡Importante! Si alguien se encuentra interesado en conseguir El cuaderno de la búsqueda, puede ponerse en contacto con la autora a través de su cuenta de twitter (@elisasestayo).

 

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Carmen Conde: Cancionero de la enamorada

Hay algo único en el primer amor: su frescura, su ilusión, su apasionada vivencia. Tras la desaparición de este primer amor, ya nada parece volver a ser lo mismo. Bien lo sabía Carmen Conde (Cartagena, 1907 – Madrid, 1996) cuando decide escribir su Cancionero de la enamorada (1971), libro de poemas cuyo tema fundamental es el amor, pero no un amor cualquiera, sino el primero. Ese amor único, joven, alejado de cualquier dolor, de cualquier experiencia previa que lo mancille con llantos.

Sobre el tema de la obra, señala de manera muy acertada Luzmaría Jiménez Faro: «Se adivina en las palabras de Carmen que con este libro trata —y hay una transparencia de deseo— mirar hacia atrás, intenta retomar los sentimientos más puros, la frescura de aquellos primeros amores en que el perfil del hombre se diluye para reflejar solamente el significado del Amor.»

Tengo una flor en la mano

que no me entregaste tú

ni creció por tu cuidado.

 

La quiero llevar conmigo

cuando me llame la voz

que tampoco a ti te he oído.

Para evocar a estos amores primeros, Conde se apoya en elementos de la naturaleza tales como las flores, los ríos, el mar, pero también la sangre, las venas, los cuerpos… Dividido en dos partes, el Cancionero de la enamorada no es un libro únicamente feliz, únicamente fresco. En la segunda parte de la obra, la autora indaga en el dolor, en el vacío, en el olvido. En aquellos daños ocasionados por el intenso sentimiento amoroso evocado en los poemas que componen la primera parte. Para ello, aparecen en esta última sección nuevas imágenes como la noche o su silencio. De esta manera, la segunda parte de la obra recoge poemas como el siguiente:

Nadie se acuerde de mí

cuando no pueda acordarme.

 

No todos sabrás que fui

extensa como la tarde,

solitaria como el mar

aunque lo surquen las naves.

 

Yo quisiera que después

alguien pueda descifrarme

como un mensaje de piedra

que fue encerrado en el aire.

 

Sólo un hueco en el vacío

para poder alojarme.

De este modo, Conde plasma en este libro de una manera sencilla, pero no por ello poco interesante, el sentimiento amoroso más puro e inocente. Cada poema de este libro desborda un extraordinario sensualismo que convierte la lectura de la obra en una lectura agradable y profundamente evocadora que desde aquí os recomendamos fervientemente.

 

Carmen Conde fue la primera mujer en ingresar en la RAE ocupando en ella el sillón K hasta su fallecimiento. En su discurso de ingreso realiza una mención especial a «nuestras grandes escritoras ya desaparecidas». Con más de cien obras publicadas, Conde es una de nuestras voces más importantes siendo merecedora de varios premios como el Premio Nacional de Poesía que le es otorgado en 1967.

Recomendamos: Carmen Conde, Cancionero de la enamorada, Madrid, Ediciones Torremozas, 2012 (con prólogo de Luzmaría Jiménez Faro)

Enlaces de interés:

Portal en Cervantes Virtual dedicado a la autora

Discurso de ingreso de Carmen Conde: Poesía ante el tiempo y la inmortalidad

¡Recordamos! Nuestra iniciativa para crear una enciclopedia de personajes femeninos en la literatura española sigue en pie y podéis participar. Más información AQUÍ